Mostrando entradas con la etiqueta notas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta notas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de febrero de 2015

Sentencias de la niña lúcida


No me puedo quejar de absolutamente de ninguna de las enfermedades que vinieron porque, con la inteligencia que sólo puede poseer una niña de cinco años, yo sabía, a ciencia cierta, que aquel día me moría. Y eso que no tenía ni idea de alergias, ni de epitelio animal, ni de neumonías ni asma ni de nada que se le parezca. Y hubiese sido así si aquel médico, tan grande y con barba, no me hubiese recetado algo tan aparentemente sencillo como antibióticos. Fue tan sencillo que me horroriza pensar que hubiese ocurrido si hubiese nacido en otro siglo, en otro continente, en otra familia o en ninguna. Recuerdo perfectamente la presión en el pecho, el ruido de cuerpo desgastado que emitían mis pulmones, mis labios casi púrpura que le pedían a mi madre que me diera la mano y como se me iba la vida en cada suspiro. Es probable que, por un rato, yo estuviera condenada a la muerte y ahora ¿qué quiero?… ¿que después de haber vivido muchos más años de prestado todo marche como la seda? Creo que si se lo preguntará a la niña lúcida de cinco años me diría que bastante es con que no te has muerto y que alguien tuvo la idea de inventar la penicilina. Y me cerraría la boca y me quedaría tan callada como se quedó mi madre cuando aquella niña pronunció su severa sentencia: “Mamá, me estoy muriendo.” Pero al final, yo le diría, con mucha rabia: “Sí, pero tú te quedaste sin gato y bien que lloraste”. Porque, las dos, seguimos siendo igual de vulnerables y tenemos la misma mala leche.
 
Foto de Laura Williams


sábado, 10 de agosto de 2013

Burundanga o confesión de la angustia y su victoria

 
 
No tengo nada que confesar. O quizás sí, pero no lo haré. Sólo te diré que no entiendo ni a los niños, pero que les sonrío benevolente y les admiro porque aún no han sentido un abismo en el pecho por el que penetra la muerte. 

lunes, 1 de julio de 2013

De escribir y no dejar tinta


Escribiría aquí, para conocimiento de todos, que no sé escribir otra cosa que no sean versos. Pero, como siempre, enseñaré la piel al lobo y no podré comer nada.

domingo, 5 de mayo de 2013

NIGHTMARES




Palpitante, la vida,
se aterra con la muerte y su aniquilamiento.

Debo tener enferma el alma.

sábado, 26 de enero de 2013

FRAGILIDAD

 
...pero queda la fragilidad en el recuerdo y el anhelo de esos tiempos en los que otros eran fuertes por ti y tú sólo tenías que dejarte sostener...
 

martes, 15 de enero de 2013

Si Borges levantara la cabeza... miles de dobles se encontaría

Nos levantamos aferrados a la certeza de nuestra singularidad. Comprometidos con nuestro nombre y apellidos. Sentimos nuestro YO como una realidad palpable, persistente en el tiempo, con una fe que nos hace sobrevivir a todos los embistes. Sin embargo, sonrío cuando escucho decir a los niños que están muy contentos con ellos mismos. Afirman que, si cambiaran, ya no serían ellos. Enseguida me viene la imagen de sus padres, en casa, preguntándose ¿dónde está mi hijo? ¿quién será este adolescente taciturno que ha ocupado su cuarto?, mientras alimentan a ese desconocido que gruñe y pide de comer. Los escucho afirmarse a sí mismos con esa rontudidad inocente y sonrío. Y me parece estar curada de espanto. Les miro con una irritante autosuficiencia, pensando en Borges, y quizás un poco en Auster, creyendo que no me asusta admitir que el YO es un concepto anclado en el presente y que poco sabemos de nuestros YO anteriores y futuros. Entonces, quiero crearme una cuenta Twitter, y veo mi nombre usurpado por otra, incluso otra que escribe poesía en otro país, que publica un blog. Supongo que Borges, cuando pensaba en el doble, creo que estaba casi seguro que jamás se encontaría a otro Borges, sentado en una mesa, con su mismo nombre y apellidos. Sí, sería un sueño, alguien soñaría que soñaba. Ahora, si te encuentras a tu doble, con más facilidad de la que te gustaría, puedes seguir su estado en Facebook y comprobar, día a día, si ha tenido hijos o se ha casado, si le va mejor que a ti y entonces tú eres un maldito desgraciado. Pero no deja de tener ventajas: sabes qué hace, dónde vive, qué le gusta... sin duda sería mucho más fácil apropiarse de lo que te pertenece. Lo que a ti te falta puede ya tener tu nombre en otra parte.

martes, 3 de julio de 2012

Aferrarse a los lugares comunes

La muerte nos hace caer en lugares comunes. Es casi imposible arrebatarse con palabras certeras porque el pánico nos encorseta. Todos somos conscientes de que ese mantra que repetimos será olvidado a los cinco minutos. No nos esforzaremos más. Seguiremos viviendo sin aprovechar ni medio segundo más el día. No seremos más amigos de nuestros amigos. No cambiaremos absolutamente nada. Además, todo el mundo sabe que en el tanatorio es donde se escuchan los mejores chistes, aunque nadie se los cuente a la viuda (o quizás sí, quién sabe). Todo eso es tan cierto como que el sol saldrá mañana.

Sin embargo, por más lugares comunes que establezcamos de antemano, la ausencia creada nos ataca en el lugar menos insospechado, en un lugar donde no tenemos ningún parapeto. ¿Cómo leer las últimas palabras que resuenan en el blog de un amigo? Me estremecen por lo que ahora significan, ahora que ya no hay más líneas que añadir. Ahora que ya no nos tomaremos otro zumo de pera en cualquier ciudad, ahora que ya no volverás a pasear por el malecón de La Habana ni podré enviarte mi último poemario.

Confieso que nunca te conocí demasiado. Compartíamos sueños, entusiasmo por proyectos comunes, algunos dolores físicos y algunas angustias existenciales. He de decirte otra verdad. No pienso asumir aquello que han contado las noticias. Será extraño, lo sé, pero fingiré que cualquier día de estos nos volveremos a encontrar, que aun tenemos oportunidad de tomarnos una caña en Madrid, que París no es ese lugar tan horrible que algún idiota se empeño en edulcorar, que una buena conversación se puede mantener en un pasillo de cualquier universidad, dejándote la piel y las palabras.

Cualquier día de estos te llamo y quedamos, que tengo muchas ganas de volver a verte y charlar contigo.

sábado, 28 de enero de 2012

Apología del vandalismo callejero en un acto irreflexivo o, mejor dicho, la democracia no era esto

No tenemos lo que hay que tener. Ni mucho menos. Nos falta lo más preciso. Un futuro, una expectativa, un sueño factible. No tenemos lo que hay que tener porque nos arrebataron el pasado y nos atemorizan el futuro. No era vuestro. Eso que teníais no era vuestro. El estado del bienestar, pero ¡qué infelices!

Y ahora, ¿por qué la gente no sale a la calle? ¿Por qué no quema los contenedores y arranca las marquesinas? No es el miedo. Creímos en lo que nos contaron.

Aún recuerdo las palomas de la paz que pintábamos en el colegio. Aprendimos la palabra constitución, la palabra ciudadano. Recitábamos derechos y deberes como antes se recitaba la lista de los reyes godos.

No tenemos lo que hay que tener. Y, sin embargo, somos mucho más ciudadanos que antes. No somos una turba analfabeta. Que no teman los reyes de Francia.

No tenemos lo que hay que tener. Lo de las palomas volando sobre una urna y una papeleta era otro cuento como el de Blancanieves. Como idiotas, durmiendo como idiotas. Creyendo en el Príncipe Azul.

viernes, 20 de enero de 2012

Echar la vida a perder




A veces me extraña pensar que tengo varias vidas peleando las unas con las otras, devorándose a ratos.

lunes, 16 de enero de 2012

De la resistencia al dolor y el olvido

Dejar aquí la constancia de mis errores. De lo mediocre de mi prosa. Enseñar la herida. Mostrar la piel. Abandonar la máscara, la sonrisa, el brillo en los ojos. Sólo las certezas: los zarpazos del dolor, mi garganta y sus palabras, el estupor de la memoria. Los recuerdos y sus llagas. Su huella en las pesadillas y en los versos. Volver a lo negado. Romper todos los espejos.

viernes, 12 de agosto de 2011

De las cosas que no hice

Algunos no lo creeran pero es así. Nunca sé cuántos días han pasado desde la última vez que tomé aire. Desde la última vez que miré hacia afuera. Nunca soy capaz de saber si he sacado la basura. Lo más probable es que algún día alguien descubra mi cadáver, cuando ya lleve más de un mes muerta, pudriéndome en el sofá de mi casa, a punto de empezar a hacer eso que siempre me prometí que haría.

El calendario se me escapa y se instala en las cosas que nunca hice, aquellas que pronuncié en voz alta y se me escaparon de los días.

domingo, 6 de febrero de 2011

Vertedero municipal


El eslogan municipal reza:
Una ciudad limpia y verde
(La mierda ya la echaremos a los vertederos)

jueves, 3 de febrero de 2011



No estoy en mi sitio. Lo sé a ciencia cierta. Por más que he procurado encontrar uno siempre he conseguido destruirlo. La nieve se deshace entre los dedos.

jueves, 20 de enero de 2011

De las mujeres y los pájaros


Lugares donde no debías estar. Límites que no tenías que traspasar. Palabras que no podías decir. Cosas que no te pertenecían. Normas que no podías adivinar. Que cambiaban cuando ya te habías ajustado a la última de ellas. Es difícil defenderte a ti mismo cuando apenas has respirado sin pedir permiso. Resulta más fácil imitar el vuelo de un pájaro que ser un pájaro.

lunes, 17 de enero de 2011