Como un desagüe que acoge y traga
las impurezas, los desperdicios,
la herrumbre y la suciedad del mundo:
así se completó mi paladar y mis huesos.
Y vomito sangre y rarezas,
vísceras delicadas como rayos de luz.
Me duelen los pulmones de los versos
que acribillan mis entrañas y mis labios.
Tan sólo me quedan sangre y heces dentro:
mi cuerpo se ha triturado por completo
agitado por el insomnio,
y la parálisis del miedo.
Dosificarme.
Convertirme en puré,
en cubitos de hielo,
en estos versos,
en esta pequeña dosis de eternidad consentida.
Dormir.

