Me entristece la perspectiva de que mis
padres me vean hacerme mayor. No sólo el hijo asiste
al envejecimiento de los padres, lo que ya es bastante doloroso,
es que éstos asisten al del hijo, que es peor.
Elise Plain
La historia de una madre que siempre acunó a sus hijos. Se sacrifico quizás demasiado por ellos. Atribulada permanecía atenta a su respiración. Sabía de sus debilidades y desgracias. Envolvió su cuerpo en semillas.
Enterró sus propias manos y pies esperando el fruto. Pequeños tubérculos infructuosos. Cuatro vástagos que degeneraron el amor en podredumbre.
La madre ya no podía moverse. Se convirtió en una astilla anclada en la tierra. Ya sin hojas, sin raíces y sin frutos.
La madre no volvió a tener brazos en los que acuñar retoños. No quiso levantar la voz. Nadie le había enseñado.
Expectante ansiaba la lluvia pero sólo conocía la sequía.
Enterró sus propias manos y pies esperando el fruto. Pequeños tubérculos infructuosos. Cuatro vástagos que degeneraron el amor en podredumbre.
La madre ya no podía moverse. Se convirtió en una astilla anclada en la tierra. Ya sin hojas, sin raíces y sin frutos.
La madre no volvió a tener brazos en los que acuñar retoños. No quiso levantar la voz. Nadie le había enseñado.
Expectante ansiaba la lluvia pero sólo conocía la sequía.
Se escapan los días y no habrá cosecha.

