sábado, 22 de febrero de 2014

De cuando alguien escribe sobre tu propia vida

LAS MADRES

Mi infancia fue un laberinto
por el que cruzaba
de camino a casa.

Entraba a jugar
y las ramas de los setos
me arañaban los tobillos y los brazos.

Cuando me perdía
gritaba el nombre de mi madre,
que nunca contestaba.

Aquel lugar olía a meo,
había plásticos llenos de moco blanco.

Al correr (tenía miedo)
esquivaba jeringuillas
y papeles de alumnio.

De los cuatro caminos
pronto aprendí
a recorrer el correcto.

Seguía buscándolo
sólo por el placer de hacerlo.
Supongo que como los otros niños.

Aprendí a sortear también las ramas
y ser sigilosa.

Nunca conté lo que vi dentro,
como todos, supongo.

Las madres
(ahora lo sé)
nunca entraron a buscarnos.

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