Y ahora, ¿por qué la gente no sale a la calle? ¿Por qué no quema los contenedores y arranca las marquesinas? No es el miedo. Creímos en lo que nos contaron.
Aún recuerdo las palomas de la paz que pintábamos en el colegio. Aprendimos la palabra constitución, la palabra ciudadano. Recitábamos derechos y deberes como antes se recitaba la lista de los reyes godos.

No tenemos lo que hay que tener. Lo de las palomas volando sobre una urna y una papeleta era otro cuento como el de Blancanieves. Como idiotas, durmiendo como idiotas. Creyendo en el Príncipe Azul.